Gravedad (Alfonso Cuarón, 2013)

Han pasado casi 8 años desde el estreno de la última entrega del mexicano Alfonso Cuarón, Hijos del Hombre (2006) y puede decirse con razonable justicia que este tiempo fue bien invertido y ha valido la pena. Gravity, protagonizada por Sandra Bullock en el papel de la Dra. Ryan Stone, y George Clooney como el veterano astronauta Matt Kowalski, es una dramática y a la vez hermosa pieza del mejor cine de ciencia ficción.

Ambos astronautas, que apenas se conocen como integrantes de una misión espacial destinada a reparar el Hubble, se encuentran en puntos de sus vidas diametralmente opuestos, en el sentido que para ella ésta es su primera misión espacial, en tanto para él se trata de la última antes de su retiro. Ubicados dramáticamente así, uno en cada polo de la experiencia, se verán enfrentados a un desastre inesperado y devastador: En plena caminata espacial les informan que deberán abortar la operación y volver a la nave lo antes posible…una avalancha de basura satelital viene directo hacia ellos.

Varados, solos e incomunicados en medio de la nada, lo que seguirá será simplemente el esfuerzo por sobrevivir. La perspectiva de Cuarón surge desde el ángulo de su personaje femenino, es ella quien concentra la atención de la angustia y de la vulnerabilidad. A merced de la inmensidad silenciosa del espacio, del aterrador pronóstico de morir sola y a la deriva, la Dra. Stone representará todos los miedos, toda la impotencia y a la vez toda la resistencia que supone esta circunstancia.

Es poco lo que sabemos de esta mujer. Salvo las frases sueltas que Matt Kowalski le saca para mantenerla despierta y consciente o para darle -de alguna u otra forma- las razones que a veces parecen faltarle para seguir luchando, los rasgos de su vida privada, de su pasado y de su personalidad son escasos y apenas se obtienen a partir de algunas palabras. De esta manera, las emociones que logran producirse en el espectador, la empatía que tiene éste con el personaje de Bullock, no provienen de flashbacks o imágenes evocadoras de situaciones comunes que ambos podrían compartir. Todo acontece allá arriba, en un medioambiente desconocido que apenas es posible imaginar. Ninguna referencia visual, que no sea la vista de la tierra desde donde se encuentra la protagonista, se requiere para reforzar la idea del desesperado anhelo por volver. No obstante todo esto, son los aciertos del filme los que conducen a una casi inmediata conexión con la Dra. Stone, lo que sin dudas es también mérito de su actuación.

Gravedad es una película que por sus características requiere no sólo un gran despliegue de recursos técnicos sino también maestría en la fotografía y el manejo de cámaras. En este sentido, la recreación de la atmósfera opresiva del filme es permanente y sobrecogedora. El contrapunto entre el vacío y la oscuridad infinita que exponen los planos más abiertos frente a la estrechez de los espacios vitales como el traje o la estación espacial atiborrada de dispositivos ininteligibles, es notable. Planos secuencia y tomas largas que transmiten el movimiento trabajoso que supone el esfuerzo por no terminar flotando en la nada, y al mismo tiempo los momentos de ingravidez se logran con un tremendo realismo. Los movimientos lentos y torpes que apenas puede dar con su pesado traje, para asirse, para aferrarse a algo que la retenga y le permita anclarse, los vive uno ademas con el recurso de una cámara subjetiva. Entramos y salimos desde su casco sin darnos cuenta,  y así compartimos el estrecho lugar que ahora ocupa su vida.

En ese clima, el sonido resulta fundamental. El silencio cobra una dimensión excepcionalmente apabullante. El espectador puede fácilmente llegar a la incomodidad física cuando siente la respiración entrecortada de la protagonista, siempre amenazada por la reducción del oxígeno…cada nueva bocanada de aire será un alivio.

Algunos análisis han visto en Gravedad una película más de acción, típicamente americana y de alto presupuesto, de aquellas vertiginosas que buscan producir básicamente adrenalina, para usar la misma fraseología. Sin duda que la ciencia ficción suele encabezar ese tipo de perfil, pero en este caso hay mucho más.

Si bien es cierto que no estamos frente a un filme de la categoría de 2001 e intentar la comparación es injusto para ambos trabajos, Cuarón hace un aporte importante al género de ciencia ficción. Una toma estéticamente muy cuidada que puede asociarse a alguna de las muchas ideas que surgen del análisis del filme de Kubrick y que no resulta inútil ni dramáticamente forzada, es la imagen de ella rendida por el cansancio, flotando en posición fetal con cables que evocan ese plácido, quieto y protegido lugar en que estamos antes de nacer.

Desde otro punto de vista, no hay dudas que la visión de la tierra desde el espacio y del espectáculo del amanecer debe ser de las más bellas escenas que el hombre pueda presenciar y, sin embargo, la muerte lejos de esta “casa” puede resultar más cruel y terrorífica aún. Si el final no fuera el que es, la película sería una total pérdida de tiempo y recursos y -efectivamente- una película más. Pero la culminación de esta historia es la inevitable y justifica todo el dramatismo que impregna y atraviesa este filme. Los decidores gestos de Stone al final cuando finalmente abraza la tierra, las tomas en contrapicado cuando logra ponerse de pie sin que esta tierra la suelte y cuando ya los músculos de su cuerpo parecen haber olvidado ese apego, no podían omitirse.

Ese momento final resulta glorioso y es un regalo para el espectador; el reencuentro con la naturaleza más impredecible de este planeta, una suerte de metáfora para referirse a los comienzos: caída del cielo, arrastrándose fuera del agua, recobrando su humanidad, hasta ponerse de pie. Es casi la otra cara de aquella escena del hueso lanzado al espacio que se convierte elípticamente en una nave espacial.

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En definitiva Gravedad es una película de ciencia ficción básicamente definida así por su atmósfera, pero en una calificación que incluso podría quedar estrecha, considerando que lo que solemos calificar hoy como tal implica más factores que sólo la relevancia de la ciencia en la estructura dramática. Los elementos que suelen distanciar la historia de una película de ciencia ficción de sus espectadores, aquí casi no se dan; bien pensado, ¿qué tan inverosímiles o improbables son los hechos relatados en Gravedad en estos tiempos? No toman lugar en un futuro remoto ni indefinido, por ejemplo.

Gravedad es un drama humano de contornos casi elementales como la urgencia de vivir donde sea que la vida se vea amenazada, de manera que todo aquello que habitualmente se asocia a la frialdad de la ciencia resulta aquí conmovedoramente cercano. Es un viaje personal, pero también una metáfora de la evolución de la humanidad, un recuerdo de lo vulnerable que somos y, al mismo tiempo, de lo mucho que nuestra existencia depende de esa posibilidad inigualable de ponernos de pie…sobre este planeta.

Elena Valderas