Aurora (Rodrigo Sepúlveda, 2014)

El chileno Rodrigo Sepúlveda ya tiene cine en el cuerpo: Padre Nuestro (2006) y Un ladrón y su mujer (2001). Esta vez presenta Aurora, protagonizada por Amparo Noguera en el papel de Sofía y con las actuaciones de Luis Gnecco y Jaime Vadell, ganando la competencia internacional de Sanfic 2014.

Basada en hechos verídicos, Aurora relata el camino obsesivo que emprende una mujer para lograr dar sepultura a un recién nacido encontrado en un basural, con quien no tiene absolutamente ningún otro vínculo, que no sea una cierta compasión y la circunstancia de anhelar profundamente ser madre, con la adopción como única alternativa para lograrlo.

Profesora, casada con Pedro (Gnecco), Sofía ha iniciado por tercera vez los trámites para adoptar. Es en este instante de su vida, que se topa con el titular de un diario  local que, en letras rojas, destaca este hallazgo macabro que la conmueve brutalmente. Desde ese momento, Sofía redirige sus esfuerzos en una dirección inusitada… Acostumbrada ya a lidiar con el sistema, se convertirá en la sombra del juez de familia (Vadell), desde que sabe que es el único que puede ayudarla a recuperar el cuerpo de esa desafortunada pequeña desde la morgue, para enterrarla como la persona que nunca llego a ser.

No obstante la casi infinita comprensión de su marido y el incondicional apoyo de una buena amiga, la causa de Sofia es solitaria y le significará enfrentarse, con algún costo personal importante, a los distintos engranajes de un mecanismo concebido para los que han logrado sobrevivir en este mundo, al menos por un momento…un instante siquiera. Sofía le dará un nombre a esta niña, imaginará para ella todo un pasado y tal vez un futuro. Querrá armar un recuerdo a partir de tan poco, llegando a buscar al diario las únicas fotos que hay de Aurora, ya muerta.

Son muchas las cosas que pueden venir a la mente simultánea o sucesivamente. El impacto de la noticia de ese titular, sabiendo que se trata de hechos ciertos, irá tomando forma en la medida que no nos queda otra que acompañar a Sofía en este camino. Ella evolucionará, su vida y su matrimonio también y estoy segura que más de algún espectador también experimentará distintos estados emocionales a lo largo de estos 80 minutos. Sincronizar con Sofía, sin embargo, no será inmediato. Su actitud inicial, las acciones que lleva adelante, su postura obsesiva, sus palabras todavía incomprensibles y dudosamente evocadoras de demencia, harán que el gesto compasivo de Sofía se diluya por un rato en medio de unos cuantos cuestionamientos.

La armazón del filme, con un montaje en general cuidado y bien pensado, lleva bien la forma en que los acontecimientos se despliegan y el viaje de Sofía por lograr esta especie de maternidad póstuma, avanza. El ritmo -aunque en ocasiones tal vez más pausado de lo recomendable y con alguno que otro plano poco justificado- permite el suficiente respiro al espectador para la reflexión….no hay apuros en esta suerte de “historia no historia” de Aurora. Lo peor ha pasado…pasó antes de empezar… la violencia que dio lugar a esta particular situación puede apenas imaginarse y en ese sentido el guión (también a cargo de Sepúlveda) resulta preciso para el relato. No es más de lo necesario ni resulta excesivo en explicaciones. Sin duda las actuaciones juegan un papel importantísimo aquí. Varios de los actores ya le conocen el pulso a este director y viceversa. Noguera, como esta mujer aparentemente medio extraviada y a la vez decidida, y Gnecco como el abnegado, pero sólido marido, logran transmitir muy bien la complejidad de sus personajes y del momento que viven, así como los efectos y las implicancias que la decisión de no desistir de esta privada batalla, tendrá para ellos.

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El gris permanente de esta ciudad fría, el cielo nublado y el clima invernal se imponen casi como reflejo de ese luto inconcluso que llevará Sofía mientras no pueda enterrar a la que ya ha tomado por su hija. Los silencios y las pausas entre las conversaciones y el rumor sordo de una ciudad de la que se verá muy poco, serán también un buen recurso para denotar esa soledad. La fotografía es igualmente relevante y se hace un buen trabajo con la atmósfera melancólica que impregna cada cuadro. Un toma hermosa será la de un plano general que atrapa a Sofía entrando al mar, sin que parezca muy predecible hasta dónde llegará, es una imagen hermosa y gélida, una composición perfecta en que caben a un tiempo la desesperanza de Sofía y el rescate de Pedro. Otro momento efectivo será hacia el final, cuando se concreta el funeral de Aurora, y ante una cámara quieta, el plano se irá poblando de a poco con decenas de personas que han decido acompañar a estos padres, como si la ciudad misma intentara purgar su propia culpa. Vecinos conmovidos y golpeados tal vez por cada basurero en que Sofía pegó el elocuente cartel que decía “No Botar Guaguas”.  Sepultar a Aurora, de alguna manera parecerá devolverle la vida a Sofía.

En suma se trata de una buena película, que se toma su tiempo en decantar una vez que se sale del cine, que queda rondando un buen rato incluso si uno se distrae un poco con algún bello momento feliz…no es que uno se deprima, pero alguna fibra sensible se traspasa y algún análisis se hace necesario sobre nuestra relación con la muerte, con el abandono, con la infancia violentada, con el mundo en que vivimos.

Desconozco los detalles de esta historia real, pero si ésta es la historia real, había que hacer una película, y no cualquiera….había que hacer ésta.

Elena Valderas