Informe XI In-Edit Nescafé (5): Un hombre llamado Steve Smith

Heaven Adores You, el último documental acerca de la vida y muerte de Elliott Smith, no trae muchas novedades en términos de contenido para los que hemos seguido su historia por años. En términos de propuesta estética, el minidocumental de Jem Cohen de hace años propone muchísimo más acerca de Elliott que lo que dura Heaven adores you.

Lo mismo pasó en otros In-Edit con los documentales de Virus o de Mark Sandman de Morphine. ¿qué tienen en común estos 2 últimos con Heaven adores you?

En general poco archivo y demasiado respeto al muerto. Con Jeff Buckley pasa lo mismo. Nadie ha sido capaz de hacer un buen documental de él hasta el día de hoy. Y descontando los archivos, nadie ha sido hasta ahora capaz con ellos, de hacer lo que hizo por ejemplo Terry Zwigoff con  Crumb.

Fue y entrevistó a su familia y no sólo a sus amigos. Entrevistó a su hermano que estaba casi más loco que él y en ese gesto empezó a destilar ese tipo de verdad que uno buscaría si se hubiera dedicado a hacer cine y a hacer documentales.

Zwigoff, logra hacerte reflexionar mucho más allá que sobre la obra de un artista planteando preguntas sobre la familia, la sociedad, la locura o el arte que a veces resultan imposibles de responder, tal vez de la misma forma que un artista como Elliott Smith, se acercaba a sus canciones.

Tal vez ese justamente sea el mayor error de Heaven adores you, ese acercamiento a los amigos de Elliott Smith, que son entrevistados más que para ayudarnos a entender cómo un genio como Elliott habita un mundo, que pareciera no haber comprendido nunca demasiado bien (o demasiado), están ahí para confirmarnos ideas preconcebidas del director.

Este es un documental que sirve tal vez de manera descriptiva para contarnos la etapa anterior al Elliott solista. Esa de Heatmiser/Stranger Than Fiction , pero que se queda corto tratando de explicar por qué el cielo lo adora.

Termina estilo CSI planteando dudas sobre su suicidio en vez de ayudarnos a entender mejor, las dudas de Elliott acerca de vivir y escribir, en un mundo que siempre le pareció ajeno.

Pablo Rosenzvaig