The Party (1): Sin fisuras

Lo que comienza como una fiesta de celebración se va convirtiendo de a poco en una instancia incómoda y violenta, en la que vamos asistiendo a la progresión de los sentimientos y la revelación de identidades de cada uno de sus asistentes. Este pie de entrada, que hemos visto muchas veces en el teatro y el cine, en The Party adquiere un cariz elegante, tanto por sus elementos visuales como por la cadencia con la que se van suscitando los hechos. Sally Potter, su directora, sabe de ese tipo de cine, y aquí maneja todos los hilos a la perfección.

Janet (Kristin Scott Thomas) se encuentra realizando los últimos preparativos para recibir a sus invitados en una fiesta para celebrar su nombramiento como Ministra de Salud. Mientras recibe llamadas telefónicas de amigos y familiares, su marido, Bill (Timothy Spall), permanece con la vista fija hacia una ventana abierta, escuchando los acordes de jazz desde su tocadiscos, ido o borracho (no podemos saberlo aún). A medida que los invitados aparecen, van tomando lugar desde quienes son, cual es su relación con la casa, con los protagonistas y los intereses e intenciones que tienen cada uno.

Más allá de los rumbos y plot twist que va tomando la historia, lo verdaderamente interesante es cómo Sally Potter va situando su cámara en una acción que podría leerse como tiempo real, aun teniendo varios hechos sucediendo al mismo tiempo. Esto, que otros directores han resuelto con la pantalla dividida, Potter lo muestra dándole tiempo y espacio a cada acción y por tanto, a cada personaje. Si esto se toma como un desafío, se espera que sus actores estén a la altura, y en este caso el casting parece estar diseñado para que no existan fisuras de ese tipo. Y es que la sensación final con The Party es precisamente esa: la de una experiencia cinematográfica sin fracturas, en donde lo más importante es la forma en la que los personajes se van hilando entre ellos y cómo, a través de su interacción, van generando una historia intensa y muy hilarante.

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Es en esa intensidad en la cual vamos asistiendo a una progresión, en donde cada tema y personaje se va revelando por capas, insistiendo en una consistencia y un afiatamiento que no siempre se encuentra en elencos de este tipo, conformado por grandes estrellas como Kristin Scott Thomas, Patricia Clarkson, Bruno Ganz y Cillian Murphy. Todos ellos parecen haber sido escogidos con pinzas y cada uno desarrolla una arista dentro de una trama en la que nadie sobra. Sin embargo, hay una línea que parece algo forzada -la de la pareja conformada por Emily Mortimer y Cherry Jones- que no llega a una conclusión satisfactoria, sin que afecte especialmente a la trama en su totalidad.

La decisión radical, a estas alturas, de filmar íntegramente en blanco y negro no hace más que potenciar el carácter de cada personaje. La fotografía de Aleksei Rodionov -quien antes ya había trabajado con Potter en Orlando (1992)- enfatiza en rasgos específicos de cada uno, alejándose de la concepción de mero decorado que han ganado ese tipo de películas en el último tiempo. The Party es una historia que transita en lo gris y en el claroscuro de una historia que se basa en equivocaciones que nacen de la incomprensión entre sus protagonistas. El blanco y negro expone esas faltas para que el espectador no caiga en ellas.

En tiempos en que las películas que llegan a nuestra cartelera tienen como pie forzado durar más de dos horas, Potter se las arregla para contar una historia con forma y fondo en 70 minutos. Una prueba de que menos es más, cuando se sabe exactamente lo que se quiere contar y se tiene la habilidad y las posibilidades de hacerlo.

 

Nota de la comentarista: 8/10

Título original: The Party. Dirección: Sally Potter. Guión: Sally Potter. Fotografía: Aleksei Rodionov. Reparto: Kristin Scott Thomas, Patricia Clarkson, Bruno Ganz, Cherry Jones, Emily Mortimer, Cillian Murphy,  Timothy Spall. País: Reino Unido. Año: 2017. Duración: 71 min.