Informe XII In-Edit (3): Janis: Little Girl Blue (Amy Berg, 2015)

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Ir y volver de un lugar a otro en una nota de blues

"I can't talk about my singing; I'm inside it. How can you describe something you're inside of?"

Janis Joplin

¿Cómo aprender a amar y a cantar el dolor del mundo que no se puede contener, la historia de la cantante que muere de sobredosis, que se siente fea siendo adolescente, que no encaja, que la familia quiere que sea de otra manera, que el amor de su vida le escribió una carta y le llegó tarde?

Little Girl Blue, de Amy Berg y producida por el conocido documentalista Alex Gibney, entrega no sólo datos, sino que simplemente la música sale de él como si pudiéramos juntar todos los pedacitos y armarnos la gran imagen de Janis Joplin. El documental fue realizado con imágenes de archivos familiares, nunca antes vistos, así como también pedazos de entrevistas  a antiguos amigos, compañeros de banda (de la Big Brother and the Holding Company y la Kozmic Blues Band), familiares y amantes.

El documental no sólo es un fiel retrato de lo que imaginamos que haría o diría Janis en pantalla, sino que permite ver esa dimensión de niña, la ingenuidad y transparencia de quien quiere traspasar todos los límites de la canción, hacer el amor al público en el escenario, cantar no sólo desde el sentimiento sino que haciéndolo, como lo dice la misma Janis en una de las imágenes de archivo; es una obra performática en donde vida, música, canción y amores no pueden separarse.

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Para los asistentes a la función, o al menos para parte de quienes estábamos en el cine, algo fue más allá de la pantalla y ese archivo encontrado (found footage) nos permitió crear un afecto y un efecto sobre él. Como si todo eso saliera de la pantalla, llegara al espectador y completara nuestro soundtrack sobre Janis, la cantante blanca que canta como negra. “Are you sure you are white?”, le dice un guitarrista afroamericano cuando la oye cantar por primera vez. Así hablan los norteamericanos de ella, la primera cantante de blues blanca. El blues, la forma musical del sur de Estados Unidos, que nace en el delta y que va de Detroit a Mississippi, fue transformado por miles de cantantes, pero nunca por una mujer, ni de la forma con la que Janis se lo apropia, lo incorpora y lo hace suyo.

La ambición de ser amado, la posibilidad de tener algo más que un careless love, la dificultad de ser una mujer que no encaja en su tiempo, el cargar con su dolor y el de tantos, todos estos temas están en Little Girl Blue.

Las decisiones de la directora sobre el final del film y el comienzo, así como el ritmo de la narración marcado por cada una de las canciones, claramente hablan de ese efecto, la vida puede ser cantada, y no contada en este caso.  Desde las primeras escenas donde se muestran fotos, como si se pasaran diapositivas, junto con el ritmo fuerte y  pausado de la canción “Mercedez Benz” de fondo, producen fascinación y emoción. Igualmente ocurre con el registro de la versión de la canción “Me and Bobby Mc Guee”, extraída del documental Festival Express (1970), cantada en un carro de un tren con Jerry Garcia (The Grateful Dead), quien la acompaña en la guitarra, antes de ser grabada para su disco póstumo Pearl. Estas imágenes, nos muestran a quien vibra con la música y hace propia cada canción de su repertorio. Oír “Summertime” interpretada por Janis es como hacerlo por primera vez  y olvidar que alguna vez fue una ópera compuesta por Gershwin, con interpretaciones que asociamos con  Ella Fitzgerald y Billie Holiday, entre otras.  A partir de esa escena, se hace evidente que “Summertime”, nunca más dejará de estar asociada a Janis, quien se la ha apropiado de la mejor manera posible.

La narración realizada por Cat Power, la lectura de diarios y cartas, telegramas, programas de televisión, las entrevistas, permiten ensalzar al ídolo pero también, y desde un lugar íntimo y afectivo, comprenderlo. Después de los créditos la directora, a manera de inscribir esta película y el legado de Joplin en la herencia de artistas mujeres, pone comentarios de cantantes y actrices (entre ellas Cat Power y la actriz Julliete Lewis) sobre lugar de la mujer en el rock. Pero creo que la película habla del lugar de las mujeres en el mundo y del espacio que abrió Janis Joplin y de su influencia para muchas que siguieron el mismo camino años más tarde. Como contraparte, a manera de contraste, se muestra a la madre de Joplin, quien lee estoicamente telegramas de condolencias por la muerte de su hija, tan querida y amada por miles fans en todas partes, pero que aún después de muerta continua sin un lugar entre su familia. En ese cruce de imágenes y mediante ese montaje es que puede leerse ese espacio que sin duda la cantante abrió y lo que sigue significando en el mundo de la música, de las artistas y sobre todo, de las mujeres. Ser mujer y no ser bonita, ni ser femenina ni ser maternal, pero sí entregar la posibilidad de que todas pueden serlo como ella. Sentir que no se encaja pero que el blues viene de adentro, ella vive en la música y ésta vive en ella como dice el epígrafe de estas notas.

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Se agradece a Amy Berg el alejarse del efecto fácil y del formato biopic, tan recurrente en el cine norteamericano y universal cuando se trabaja acerca de artistas o íconos de la música, del arte o la literatura. En ese tipo de cine la etapas se repiten: el descubrimiento, el genio, auge y caída del artista musical que, o bien muere de su vicio o se redime. Ejemplos hay muchos, como  Walk the Line, sobre Johnny Cash;  Ray, de la vida de Ray Charles; La Vie en Rose, acerca de Edith Piaf, etc. El documental sobre Janis se esfuerza por no encajar en ninguna categoría y en ese sentido intenta no darle una forma determinada sino mostrar y entregar el efecto de una vida y obra a través de la música que es el motor y el punto de partida en la vida de esta mujer.

Si la intención de Berg era crear un afecto, lo logra, queremos a Janis Joplin e incluso quisiéramos contenerla, incluso podemos sentir la  vergüenza e incomodidad en varias escenas, entre ellas cuando visita Porth Arthur en Texas para la reunión de la secundaria. En una entrevista para la revista Rolling Stone, Amy Berg, cuenta cómo trabajó en la película a partir del año 2007, y realizó una intensa investigación, con el fin de que logar que la familia de la cantante le entregara el material de archivo del que disponían, además de buscar hasta dar con el paradero del último amor de Janis Joplin, David Niehaus.

Joplin sí fue una adelantada, deja un legado para las mujeres y para el rock, y asimismo través de sus canciones, su puesta en escena, su vida, nos habla a todas de la posibilidad y la ambición  de ser reconocida y al mismo tiempo de ser honesta con lo que se busca. La película de Berg, o la versión de Janis que nos entrega Berg, va más allá de la visión prototípica y manida o súper publicitada de la rock star que muere por las drogas o la sufriente artista. El canto de Janis da cuenta de una búsqueda por ser amada, pero también de su empatía con el mundo, y de una sensibilidad única: expresar el dolor, el dolor del mundo que es el que ella quisiera cantar con su cuerpo y su voz, como se lo confiesa al entrevistador y amigo Dick Cavett para su programa de conversación. Cavett, por su parte, al entregar testimonio para el documental sugiere que tuvo un romance con ella.

Esta es una película donde tanto la canción final como el último capítulo encierran y resumen toda la historia de quien no dejó nunca de ser la “Little girl blue”, quien pudo llevar y contar el universo cambiando de una nota A a una nota B, o de un Do a un Re, como lo hacían Aretha Franklin y Billie Holiday, a quienes Janis admiraba. Un efecto que, como dice en una de las entrevistas recogidas por el documental, aún no sabe hacer. Sin embargo, es esa intensidad la que experimentamos al terminar de ver Little Girl blue, ir y volver de un lugar a otro en el universo, acceder a la puesta en abismo de la música, voz, cuerpo y vida entre un do y un re. ¿Por qué hubo quienes se emocionaron? No sé cuál es la respuesta, pero sí sé que la música es el soundtrack de todos, o de varios. Las canciones de Janis son parte de la impronta con la que muchos de nuestra generación crecieron (recordemos los posters de Janis Joplin en la feria Santa Lucía), la voz de “Cry Baby” o “Little Piece of my Heart” es parte de nuestra música de fondo, desde los adolescentes que fuimos hasta hoy, los espectadores de Little Girl Blue.

Macarena Urzúa

Nota. 9.5/10

Título original: Janis: Little Girl Blue. Dirección: Amy Berg. Guión: Amy Berg. Fotografía: Paula Huidobro, Jenna Rosher. País: Estados Unidos. Año: 2015. Duración: 105 min.